No, no estoy de coña. Hoy finalmente llegó el día en que se me han hinchado demasiado las pelotas, así que es la hora de tomar una decisión: o empiezo a pegar gritos y patadas a mobiliario y funcionarios de la facultad o vengo aquí y lloriqueo un poco sin ganarme ninguna denuncia por ello. Como todavía conservo medio cerebro, casi que me quejaré aquí y no partiéndole la cara a según qué sujetos que deberían haber abandonado la docencia años antes de la muerte de Franco.